Leer el lenguaje corporal del gato: molesto, asustado o con dolor
Un gato que muerde «de repente» ha avisado antes tres o cuatro veces. Las señales son pequeñas, rápidas y llegan en un orden — y esa es la buena noticia, porque significa que se pueden leer en el momento en vez de reconstruirlas después. Primero las orejas, luego la cola, luego los bigotes, luego todo el cuerpo. Esto es lo que dice cada una, y las combinaciones que significan aparta la mano.
Lee en este orden, y lee al gato entero
Una señal suelta dice poquísimo. Las pupilas dilatadas son miedo, excitación, juego o una habitación con poca luz; una cola que late es un gato cazando o uno molesto. Lo que te dice algo es la combinación, y la forma más rápida de conseguirla es un orden fijo: orejas, cola, bigotes, cuerpo. Cuatro miradas, un segundo más o menos, y tienes el cuadro entero en vez de una pieza ambigua.
Esto va del momento en el que estás: el gato que tienes ahora en el regazo, el que vas a coger. Es distinto de las señales lentas de un gato que lleva semanas mal, que se ven en la comida, en los escondites y en el acicalado. Esas también conviene conocerlas, y las señales de estrés que se nos escapan las explican; esta página es la versión rápida.
Las orejas primero, porque se mueven antes que nada
Las orejas son la señal más temprana y más fiable, porque el gato las gira antes de hacer cualquier otra cosa. Hacia delante y erguidas: interesado y a gusto. Giradas hacia los lados — lo que se llama orejas de avión — es un gato que ya ha tenido suficiente, y es lo más útil de esta página: suelen llegar unos segundos antes de un zarpazo.
Pegadas del todo hacia atrás contra el cráneo son miedo, o un gato a punto de defenderse, y esa postura no tiene nada de sutil una vez la conoces. Una oreja delante y otra detrás es indecisión de verdad: algo tiene su atención y todavía no ha decidido. Orejas que se mueven cada una por su lado mientras el gato está relajado son solo escucha, y no significan nada.
Luego la cola, que lleva el humor

La cola recta hacia arriba es lo más amistoso que hace un gato: es un saludo, y un ganchito en la punta es la versión cariñosa. Baja y horizontal es neutra. Metida bajo el cuerpo, o enrollada apretada alrededor de un gato sentado, es un gato haciéndose pequeño.
Importa más el movimiento que la altura. Un balanceo lento y perezoso es contento. Un latigazo rápido o un golpe, sobre todo de la punta, es fastidio y va en aumento: un gato que empieza a golpear la cola mientras lo acaricias te está pidiendo que pares, y no te lo va a pedir mucho más. La cola de cepillo con el lomo arqueado es miedo y no agresividad, por mucho que lo parezca: el gato intenta verse más grande precisamente porque no quiere pelea.
Bigotes y ojos para el detalle fino
Los bigotes se abren hacia delante cuando el gato está interesado o cazando, quedan relajados y algo hacia los lados cuando está tranquilo, y se pegan a las mejillas cuando tiene miedo o dolor. Los bigotes aplastados en un gato por lo demás quieto son una de las señales de malestar más silenciosas, y facilísima de no ver.
Los ojos: el parpadeo lento es lo más parecido a un cumplido que tienen los gatos, y devolvérselo es una conversación de verdad, no una leyenda. Una mirada fija y dura es un desafío. Las pupilas hablan de activación más que de humor — dilatadas en el miedo y en el juego, estrechas en el fastidio seguro de sí — así que léelas junto con la luz de la habitación y con las orejas, nunca solas.
Después todo el cuerpo, y para qué está listo

Da un paso atrás y lee la postura como intención. Suelto y despatarrado, con la tripa al aire, es un gato cómodo — aunque enseñar la tripa es confianza y no una invitación, y muchas manos mordidas salen de ese malentendido. Sentado recto, con el peso repartido, es neutro y atento.
Agazapado bajo, con el peso recogido debajo y la cola enrollada apretada, es el que hay que tomarse en serio. Parece la postura de pan y no lo es: un gato en pan está blando, con las patitas recogidas y los ojos entornados, mientras que un gato asustado está compacto, tenso y listo para salir disparado. El lomo arqueado con el pelo erizado es miedo en grande. Un gato que se gira de lado o de espaldas con las uñas fuera y las orejas planas no está jugando: se ha quedado sin salidas y se defiende con las cuatro patas.
El dolor parece mal genio, y esa es la trampa
Un gato con dolor rara vez cojea, se queja o hace algo evidente. Se pone gruñón. Lo que hay que mirar es el cambio y no el estado: un gato al que nunca le ha gustado que le toquen el trasero tiene una preferencia, pero un gato que de golpe no quiere que lo cojan, deja de saltar al sofá que lleva años usando, se sienta encorvado con los bigotes aplastados o se revuelve durante una caricia de siempre te ha dicho que algo ha cambiado.
Otras señales silenciosas: quedarse quieto mirando a la pared, dormir en un escondite nuevo, lamerse en exceso una zona concreta, gruñir al tocarlo en un punto determinado. Cualquiera de ellas, sobre todo en un gato de más de diez años, es una cita con el veterinario y no un problema de comportamiento — y hay que pedirla, no vigilarla, porque los gatos esconden el dolor tan bien que cuando se nota suele llevar tiempo pasando.
Qué hacer cuando la respuesta es «para»
Aparta la mano y deja de moverte. No termines la caricia, no cojas al gato para llevarlo a un sitio más tranquilo y no te acerques para tranquilizarlo: una mano que se acerca a un gato acorralado es justo lo que le preocupa. Déjale una salida despejada y deja que la use. Los gatos desescalan marchándose, y uno que se va ha resuelto la situación exactamente como debía.
Después déjalo en paz un rato. Un gato que se ha asustado o al que has manoseado de más sigue alterado más tiempo del que duró el momento, y el error más común es ir detrás de él para hacer las paces. Deja que vuelva solo — volverá, normalmente antes de lo que crees, y la relación aguanta mucho mejor que la leas bien que que la fuerces.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa que un gato eche las orejas hacia atrás?
Las orejas giradas hacia los lados — de avión — significan que el gato ya ha tenido suficiente y suelen llegar unos segundos antes de un zarpazo. Las orejas pegadas del todo hacia atrás contra el cráneo son miedo, o un gato preparándose para defenderse. Es la señal más temprana y fiable, porque el gato las mueve antes que nada.
¿La cola en movimiento significa lo mismo en el gato que en el perro?
No, casi lo contrario. Un balanceo lento y perezoso es contento, pero un latigazo o un golpe, sobre todo de la punta, es fastidio en aumento. Un gato que empieza a golpear la cola mientras lo acaricias te está pidiendo que pares.
¿Por qué me muerde mi gato cuando le acaricio la tripa?
Porque enseñar la tripa es confianza y no una invitación. A la mayoría de los gatos el contacto en la tripa les resulta incómodo, y un gato que se tumba boca arriba se está relajando cerca de ti, no pidiendo que lo toques ahí. Si te agarra la mano con las cuatro patas, eso es defensa y no juego.
¿Cómo sé si mi gato tiene dolor en vez de estar molesto?
Busca un cambio, no un estado. Un gato que de repente no quiere que lo cojan, deja de saltar a muebles que siempre ha usado, se sienta encorvado con los bigotes aplastados, se lame en exceso una zona o gruñe al tocarlo en un punto concreto te está diciendo que algo ha cambiado. Eso es cita con el veterinario, sobre todo por encima de los diez años.
¿Qué diferencia hay entre la postura de pan y un agazapamiento de miedo?
Un gato en postura de pan está blando, con las patitas recogidas y los ojos entornados. Un gato asustado está compacto y tenso, con el peso recogido debajo y listo para salir disparado, a menudo con la cola enrollada apretada. De un vistazo se parecen y significan lo contrario.
¿Qué hago cuando mi gato me avisa?
Aparta la mano, deja de moverte y déjale una salida despejada. No termines la caricia, no lo cojas ni te acerques para tranquilizarlo: una mano que se acerca a un gato acorralado es el problema, no la solución. Luego déjalo: los gatos se calman marchándose y vuelven solos.
Más en Gatos

¿Los gatos quieren a sus dueños? El experimento del secuestro dice que sí
La ciencia sometió a los gatos al mismo test de apego que se usa con los bebés, y el 64 % lo superó. Qué encontró la prueba de base segura, por qué un estudio anterior decía lo contrario y cómo lo dice un gato en realidad.

¿Los gatos echan de menos a sus dueños? Hasta llevan la cuenta del tiempo
Tu gato te recibe con más ganas tras cuatro horas fuera que tras media hora: sabe cuánto ha durado la ausencia. Qué aspecto tiene la añoranza en un gato, cuándo se convierte en ansiedad por separación y cómo ausentarte bien.

Cómo eligen los gatos a su persona favorita
No es quien llena el cuenco. Un estudio hecho en salones suizos encontró el hábito que predice al favorito de un gato mejor que la comida, y la persona que ignora a los gatos lo tiene sin querer.

Los gatos se saben su nombre. Han decidido no responder
Un laboratorio de Tokio demostró que los gatos distinguen su nombre entre palabras casi iguales, incluso en boca de un desconocido. Qué entienden de verdad cuando les hablas y por qué responder es opcional.

Zoomies: por qué tu gato corre como loco por la casa a las 3 de la madrugada
La vuelta al salón en plan muro de la muerte tiene nombre, mecanismo y arreglo para la edición de las 3 de la madrugada. Por qué un depredador que duerme dieciséis horas al día tiene que gastar a veces todo el sobrante de golpe.

Cabezazos y roces en los tobillos: con qué te marca tu gato
El golpe de frente se llama bunting, lleva carga química y es de los mayores cumplidos que hace un gato. Qué hacen las glándulas odoríferas, qué significa el olor de grupo y cuándo un roce es en realidad una factura.